

El director del ILCYL, Gonzalo Santonja, ha explicado que mientras las glosas registradas en los monasterios de Santo Domingo de Silos (Silenses) y San Millán de la Cogolla (Emilianenses) son del siglo XI, los cartularios de Valpuesta contienen palabras en español escritas en el siglo IX.
Santuario de Valpuesta
El director del ILCYL se ha mostrado "muy satisfecho" por el resultado del estudio dada la dificultad de analizar este compendio de documentos que fueron agrupados por un clérigo del Santuario de Valpuesta, en el norte de la provincia de Burgos, en el siglo XII.
Aunque habitualmente se utiliza la denominación de cartulario para un documento escrito por dos o tres personas a lo largo del tiempo, en este caso se trata de un compendio de documentos que el clérigo realizó con todo lo que iba encontrando en el santuario.
De hecho, la complejidad del estudio se encuentra en que se trata de escritos realizados en diferentes momentos por más de una treintena de personas, lo que ha hecho muy difícil identificar la mano que elaboró cada uno de estos textos.
El Español en el mundo
Santonja ha señalado que no se trata del origen del español, sino del registro escrito más antiguo que se conoce hasta ahora "porque el español nació en la calle, no en un monasterio ni debajo de ninguna piedra".

La historia del sorteo de la lotería en el bando franquista comienza el 13 de diciembre de 1937, fecha en que se aprueba el restablecimiento de la Lotería Nacional.
El primer sorteo estuvo constituido por dos series de 46.000 billetes cada una, al precio de 30 pesetas el billete, y se celebró el 1 de abril de 1938 en Burgos, en el edificio del Colegio de los Hermanos Maristas. Para el acto se utilizaron los bombos que usaba la Diputación de Guipúzcoa para los sorteos de amortización de la deuda, mientras que los billetes se imprimían en una empresa de artes gráficas de Bilbao. Los niños que ayudaron en la celebración eran internos del Hospicio Provincial y de la Casa Refugio Municipal de la ciudad.
En estas condiciones se celebraron en Burgos más de setenta sorteos hasta agosto de 1939, fecha en que volvieron a celebrarse en Madrid. El primero que se desarrolló con total normalidad se realizó en Madrid el 1 de agosto, con la curiosa peculiaridad de que los billetes, que se habían confeccionado con antelación, señalaban aún Burgos para su celebración.
El último sorteo en la ciudad condal se celebró el 21 de enero de 1939, cinco días antes de la entrada de las tropas de Franco, y su lista de premios no llegó a publicarse.
La subsistencia de la entidad tuvo también que ver con el hecho de que en 1364 y 1365 emitiese deuda pública y las Cortes tuvieran que comprometerse a que no desapareciese mientras la deuda existiera.
Juan II de Aragón
La Generalitat ganaba importancia a medida que pasaban las décadas, hasta el punto de ejercer como gobierno de Catalunya entre 1462 y 1472, durante la revuelta popular contra el rey Juan II.
Cuando estalla la Guerra de los Treinta Años (1618-1648), el rey de España, Felipe IV, se vio obligado a participar como consecuencia de su parentesco con el emperador romano-germánico Fernando II, su tío.
Felipe IV
En 1624, el Conde-Duque de Olivares presentó al rey su Gran Memorial, en el que, considerando que la autoridad y reputación de la Monarquía se habían deteriorado, proponía un plan de reformas encaminadas a reforzar el poder real y la unidad de los territorios que dominaba, con vistas a un mejor aprovechamiento de los recursos al servicio de la política exterior. Estas reformas, no obstante, encontraron una dura oposición en Cataluña.
Conde-Duque de Olivares
La situación se agravó con la guerra contra Francia comenzada en 1635. En 1640, sobre todo a partir del mes de mayo, se produjo un alzamiento generalizado de toda la población del principado de Cataluña contra la movilización, y permanencia sobre el país, de los tercios del ejército real y contra la pretensión de que fueran alojados dentro de las poblaciones.
Pau Claris, al frente de la Generalidad de Cataluña, proclama la República Catalana. Pero la revuelta también escapa a este primer y efímero control de la oligarquía catalana. La sublevación derivó en una revuelta de empobrecidos campesinos contra la nobleza y ricos de las ciudades que también fueron atacados. La oligarquía catalana se encontró en medio de una auténtica revolución social entre la autoridad del rey y el radicalismo de sus súbditos más pobres.
Conscientes de su incapacidad de reducir la revuelta y sus limitaciones para dirigir un estado independiente, los gobernantes catalanes se aliaron con el enemigo de Felipe IV: Luis XIII (pacto de Ceret). Richelieu no perdió una oportunidad tan buena para debilitar a la corona española. Olivares comienza a preparar un ejército para recuperar Cataluña con grandes dificultades ese mismo año de 1640 y, en septiembre, la Diputación catalana pide a Francia apoyo armamentístico.
Corpus de Sangre
Cataluña se encontró siendo el campo de batalla de la guerra entre Francia y España e, irónicamente, los catalanes padecieron la situación que durante tantas décadas habían intentado evitar: Sufragar el pago de un ejército y ceder parcialmente su administración a un poder extranjero, en este caso el francés. La política francesa respecto a Cataluña estaba dominada por la táctica militar y el propósito de atacar Valencia y Aragón.
El ejército francocatalán de Barcelona se rinde en 1652 y se reconoce a Felipe IV como soberano y a Juan de Austria como virrey en Cataluña, si bien Francia conserva el control del Rosellón. Felipe IV por su parte firmó obediencia a las leyes catalanas.
Felipe V
En 1714, la apuesta catalana por la casa de Austria durante la guerra de Sucesión propició que el primer Borbón que reinó en España, Felipe V, suprimiera la Generalitat y todas las libertades catalanas.
Estatut de Cataluña de 1932
Aquella decisión no fue revertida hasta más de 200 años más tarde con la llegada de la Segunda República. Fue en 1931, cuando se recuperó la institución con vocación de ejercer el poder ejecutivo que emanaría del Estatut de 1932. La Generalitat fue una concesión de Niceto Alcalá Zamora a cambio de que Francesc Macià renunciara a convertirse en jefe del Estado catalán que proclamó.
Lluís Companys
A causa de este vínculo, la suerte de la Generalitat estaba echada cuando Franco ganó la guerra, aboliéndola en 1939, un año después su presidente, Lluís Companys, tuvo el dudoso honor de convertirse en el único presidente democrático europeo muerto a manos del fascismo.
Josep Tarradellas
A la muerte del dictador, y en la única concesión de la Transición a las instituciones republicanas, Adolfo Suárez la restableció en 1977. Se reconoció como presidente a Josep Tarradellas, elegido por los diputados catalanes en el exilio en 1954.
Nacionalistas (españoles por el momento) planeando una protesta (los tres en español) por llamar los españoles al Español idioma común, sólo por crispar, porque los españoles crispan
-He nacido en el mejor pais del mundo
Hitler quería un cristianismo vacío, panteísta, inmanente, al servicio de la nación y el Estado, de jóvenes. Contra el clero, películas que lo denigraran. A pesar de las muchas mentiras vertidas sobre la relación entre Hitler y la Iglesia Católica, ésta constituyó siempre un dolor de cabeza para el Führer. Como todos los totalitarismos, Hitler intentó destruir a la Iglesia Católica empezando por la alemana.
«¿Las religiones? Tanto valen unas como otras. Ninguna tiene porvenir, para los alemanes cuando menos. El fascismo puede, si quiere, hacer su paz con la Iglesia. Yo haré lo mismo. ¿Por qué no? Ello no me impedirá en absoluto extirpar el cristianismo de Alemania. Los italianos, gentes candorosas, pueden ser al mismo tiempo paganos y cristianos. Los italianos y los franceses, si radican en el campo, son paganos. Su cristianismo es superficial, epidérmico.
Pero el alemán es distinto. Toma las cosas en serio: es cristiano o pagano, pero no ambas cosas. Por otra parte, como Mussolini nunca hará de sus fascistas héroes, poco me importa que sean paganos o cristianos. Para nuestro pueblo, por el contrario, la religión es una cuestión capital. Todo depende de saber si permanecerá fiel a la religión judeocristiana y a la moral servil de la piedad, o si tendrá una fe nueva, recia, heroica, en un dios inmanente, en la Naturaleza inmanente, en la nación misma, en un dios inseparable de su destino y de su sangre.».
«Dejemos a un lado las sutilezas. Que se trate del Antiguo Testamento, o del Nuevo, o de las solas palabras de Cristo, como quiere Houston Stewart, Chamberlain, todo ello no es más que un solo y mismo bluf judaico. ¡Una Iglesia alemana! ¡Vaya una broma! Se es o bien cristiano, o bien alemán; mas no se puede ser ambas cosas a la vez.
Podréis expulsar a Pablo de la cristiandad. Otros ya lo hicieron. Puede hacerse de Jesús una noble figura y negar a un tiempo su divinidad. Es cosa de todos los tiempos. Hasta creo que existen en América y en Inglaterra, aún hoy, cristianos de esa catadura, llamados «unitarios» o algo por el estilo. Todas esas exégesis no sirven propiamente para nada. Por ese camino nunca llegaremos a libertarnos de ese espíritu cristiano que queremos destruir. No más hombres de mirar torcido hacia el «más allá».
"¿Creía Hitler en Dios? Creía profundamente en Dios. Llamaba a Dios el Todopoderoso, maestro de todo lo que es conocido y desconocido. Los propagandistas describieron a Hitler como un ateo. No lo era. Sentía desprecio por los clérigos hipócritas y materialistas, pero no era el único que así pensaba. Creía en la necesidad de modelos y dogmas teológicos, sin los cuales, decía repetidamente, la gran institución de la iglesia Cristiana se derrumbaría. Estos dogmas chocaban con su inteligencia, pero reconocía que era duro para una mente humana abarcar todos los problemas de la creación, su ilimitada extensión y su imponente belleza. El aprendió que todo humano tenía necesidades espirituales. La canción de un ruiseñor, la forma y color de una flor, le llevaban continuamente a los problemas de la creación. Nadie en el mundo me ha hablado tan elocuentemente acera de la existencia de Dios. No tenía este punto de vista por haber sido educado como un cristiano, sino porque su mente analítica le llevaba al concepto de Dios. La fe de Hitler trascendía de fórmulas y accesorios.
Dios era para él la base de todo, el ordenador de todas las cosas, de su destino y del de todos los demás. "





