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23 de marzo de 2013

Diez falsos mitos del franquismo y de la derecha



Llegó la hora de la respuesta, de “dejar las cosas claras respecto al origen inmediato de la guerra civil” y contrarrestar el revisionismo de derechas que descalifica la República para legitimar la rebelión de militar de 1936. Todo comenzó en la primavera de 2011 cuando la Real Academia de Historia (RAH) sorprendió con la publicación de los primeros volúmenes del Diccionario Biográfico Español. Los mitos y leyendas construidos durante los años posteriores a la Guerra Civil por los golpistas y rejuvenecidos por parte de la derecha española durante la democracia se disfrazaron de verdad absoluta bajo el manto de la RAH a cargo de los Presupuestos Generales del Estado (6,4 millones de euros). Más que un diccionario, la obra pareció una burla de proporciones históricas.

En tal diccionario nunca se definió a Franco como un dictador y sí como un “valeroso militar” y el franquismo fue calificado de “autoritario, pero no totalitario". El golpe de Estado del 18 de julio fue denominado “alzamiento” y la Guerra Civil fue sustituida a menudo por otros términos como “cruzada” o "guerra de liberación". Pero el revisionismo fue aun más lejos. A la salvaje represión ocurrida en Badajoz tras ser conquistada por los franquistas se la denominó "normalizar la vida ciudadana". En definitiva, todo un panfleto digno de ser firmado por el mismísimo Fraga durante sus años como ministro de Información.

La historiografía española, agraviada ante el despropósito financiado por el erario público, se puso desde el primer momento manos a la obra para desmontar las afirmaciones y falacias que el diccionario vierte. En abril vio la luz En el combate por la historia (Editorial Pasado y presente) y esta semana ha llegado a las librerías Los mitos del 18 de julio (Crítica), “uno de los mayores y más completos esfuerzos de demolición de ciertas interpretaciones sobre el golpe, y la guerra civil que sobrevino a continuación”, según escribe en el prólogo Francisco Sánchez Pérez, coordinador de la obra, en la que también participan los historiadores Fernando Puell de la Villa, Julio Aróstegui, Eduardo González Calleja, Hilari Raguer, Xosé M. Núñez Seixas, Fernando Hernández Sánchez y José Luis Ledesma.

La obra trata de sintetizar y esclarecer las razones que propiciaron que el golpe de Estado se produjera exactamente el 18 de julio, el papel que desarrollaron en la sublevación el cuerpo civil y militar, la idea revolucionaria de las izquierdas y la contrarrevolucionaria de las derechas, el peso de la defensa del catolicismo y de la nación entre los sublevados, la presunta amenaza comunista y la realidad de la España de 1936. En definitiva, un libro que planta batalla al revisionismo de derechas que descalifica la República para legitimar la rebelión militar.

A modo de decálogo pueden enumerarse una lista de diez falsos mitos creados por el franquismo y sus herederos ideológicos con el propósito de justificar el golpe de Estado militar.

1. La II República no fue un desastre. 

“La República no fue un fracaso que conducía inexorablemente a una guerra” sino que fue “destruida por un golpe militar” que, al contar con la connivencia de un país extranjero y no triunfar en buena parte del país y en la capital, se encaminó automáticamente a la guerra civil. La República fue una democracia de entreguerras de nueva creación y como otras muchos democracias europeas de Europa tuvo que lidiar por un lado con la derecha autoritaria, fascinada por la experiencia fascista, y con la izquierda obrera que consideraba, de manera habitual, que la democracia era incompatible con el capitalismo.  

Durante los años de dictadura franquista, el régimen justificó el golpe de Estado por “el peligro comunista”. Sin embargo, las justificaciones conservadores han ido evolucionando de manera que es cada vez más habitual oír a los políticos de derechas nombrar el supuesto fracaso de la República como causa directa y sustancial de la guerra y nunca culpar de la misma el golpe de Estado militar que degeneró en una guerra civil.

Como ejemplo sirve la entrevista que Manuel Fraga concedió a El País en 2007 en la que aseguró: “Pero los muertos amontonados son de una guerra civil en la que toda responsabilidad, toda, fue de los políticos de la II República. ¡Toda!”. En esta misma línea se manifestó Esperanza Aguirre en un artículo publicado recientemente en ABC en el que afirmó: “La "II República fue un auténtico desastre para España y los españoles (…). Muchos políticos republicanos utilizaron el régimen recién nacido para intentar imponer sus proyectos y sus ideas -en algunos casos, absolutamente totalitarias- a los demás, y que faltó generosidad y patriotismo".

Las justificaciones de la guerra civil de la derecha ya no son los rojos y marxistas sino los mismos políticos republicanos y su escasa habilidad y operatividad.  

2. El asesinato de Calvo Sotelo no precipitó nada.

 El hecho de que el golpe de Estado se produjera el 18 de julio no tiene nada que ver con el asesinato de Calvo Sotelo, que se produjo el día 13 de julio de 1936 y conocido el día 14. Su muerte, señala la obra “no precipitó nada” y “no tiene nada que ver”.

De hecho, hubo un proyecto de atentado terrorista contra la vida de Azaña, como respuesta al asesinato de Calvo Sotelo, que fue abortado por los militares golpistas que se encontraban en la capital. “Prohibido terminantemente. Todo está preparado en Madrid y eso podría echarlo a perder”, le dijo el coronel Ortiz de Zárate a Eusebio Vegas Latapié, cabecilla del proyecto.

3. La fecha del golpe dependía del apoyo fascista.

La fecha de inicio del golpe está ligada a la promesa de intervención de la Italia fascista de Mussolini, con la que los monárquicos, liderados por Calvo Sotelo, suscribieron el día 1 de julio un acuerdo para la compra de una “espectacular cantidad de material bélico de primer nivel”. Estos contratos de venta de armas y promesa de intervención fueron firmados en Roma por Pedro Sainz Rodríguez con el apoyo personal de Antonio Goicoechea y “el más que probable conocimiento de Calvo Sotelo”.

De hecho, la obra reproduce tales contratos, conseguidos por el historiador Ángel Viñas, que hasta ahora estaban inéditos, a pesar de encontrarse en archivos españoles, “quizá negligentemente olvidados o convenientemente evitados”, explica el coordinador Francisco Sánchez.

4. No existen las dos Españas destinadas a enfrentarse. 

El hecho de que la ejecución del golpe de Estado dependiera de la llegada del armamento italiano permite al historiador Ángel Viñas desmontar otro mito repetido cientos de veces: la guerra civil no se produjo simplemente por cuestiones internas sino que contó con la connivencia de la Italia fascista, sin la cual “aquel golpe medio conseguido, medio fracasado” no se hubiese transformado en una guerra civil.

La participación italiana no se produce, por tanto, una vez iniciada la contienda sino que su apoyo previo al golpe fue fundamental para las esperanzas golpistas. Los contratos conseguidos por Viñas muestran como Italia facilitó a España “más de 40 aviones, miles de bombas, gasolina etilada, ametralladoras y proyectiles” sin los cuales los militares sublevados no hubieran podido iniciar una guerra civil.   

“Esta tesis desbarata completamente la idea apocalíptica que ha acompañado durante décadas, y que creó cuerpo historiográfico, de las dos Españas destinadas a enfrentarse, del guerracivilismo como una realidad endémica del país y en particular de que hubiese una guerra civil no declarada dentro de la sociedad española en los años treinta”, escribe Sánchez.

5. Los civiles monárquicos jugaron un papel crucial. 

El golpe del 18 de julio no solo fue obras de militares sino también de civiles, en particular de los monárquicos de Calvo Sotelo, que tuvieron un papel sustancial para que el golpe triunfase, y no meramente de apoyo. “Sin la trama civil interna, en una palabra, los militares golpistas quizá no hubiera tenido existo”, escribe Viñas.

La importancia de los civiles radica en tres aspectos. En primer lugar, sin el apoyo del partido alfonsino, Renovación Española liderado por Calvo Sotelo, los golpistas probablemente nunca hubieran conseguido el apoyo armamentístico de la Italia fascista. En segundo lugar, la trama civil, según argumenta Viñas, fue fundamental para la preparación de la sublevación de Franco en los términos exactos que este había diseñado para Canarias.

En tercer y último lugar, la trama civil fue esencial para crear las condiciones necesarias y suficientes para que pudiera florecer el movimiento insurrecional. La responsabilidad, en este caso, recaía en políticos y grupos de acción directa que debían conseguir “la deshumanización del adversario político”, “la provocación sistemática de la izquierda” y el estímulo y excitación de los propios partidarios”.

6. La defensa de la Iglesia y del catolicismo no existió en el diseño y ejecución del golpe. 

Entre las motivaciones alegadas por los militares en sus bandos de guerra iniciales de julio de 1936 (incluido el del propio Franco) no se cita ni una sola vez la recurrente “persecución religiosa” ni tampoco hay clérigos entre los conspiradores. “Nadie se creía en julio de 1936 que los militares rebeldes comenzasen semejantes fusilamientos masivos en defensa de la religión”, opina Sánchez.

No fue hasta bastantes días después cuando la propaganda de los rebeldes utiliza la defensa de la religión para justificar la guerra civil. Otra cosa es la postura de la mayoría de los obispos, que apoyaron el golpe casi de inmediato, ofreciendo un respaldo ideológico formidable motivados, en su mayoría, por la defensa de sus privilegios casi feudales. Los obispos españoles fueron los encargados de bautizar a la guerra como cruzada, pero cabe recordar que ningún papa utilizado el término cruzada para referirse a la guerra civil.

Mucho más que la religión, la justificación invocada por los golpistas era la amenaza de la revolución comunista y la de defensa de la nación española frente a los separatismos. La defensa de la religión no se sitúa en el mismo escalón que la defensa de la patria hasta el 8 de septiembre cuando fue publicado en el Boletín Oficial de la Junta de Defensa de Burgos.

7. No había ninguna revolución comunista en marcha. 

Durante 39 años de dictadura franquista, el régimen señaló repetidamente que la sublevación militar fue la respuesta aun inminente levantamiento comunista. El anticomunismo sirvió a Franco para legitimar la insurrección contra el gobierno legítimo, presentándola como una contrarrevolución preventiva.

Basta para desmentir estas teorías conspiratorias la propia declaración del entonces embajador estadounidense, Claude Bowers, que recoge la obra: “A aquellos que fuera de España después tuvieron que escuchar con machacona insistencia la calumnia fascista de que la rebelión era para impedir una revolución comunista, puede sorprenderles saber que durante tres años y medio nuca oí semejante sugestión de nadie, mientras, por el contrario, todos hablaban confidencialmente de un golpe de Estado militar”.

Los motivos que llevaron a la sublevación a los militares fue frenar en seco las reformas progresistas, y democráticas, diseñadas en el primer bienio de la II República. Es decir, la reforma agraria, los estatutos de autonomía y la reforma militar.  De hecho, a pesar de la existencia de muchos discursos revolucionarios en la España de los 30, no solo obreros sino también burgueses, ninguna organización republicana u obrera se puso manos a la obra para subvertir el orden constitucional en la primavera de 1936.

8. El golpe de Estado militar sí que prevé un plan de conquista del poder y de la guerra. 

Las derechas contrarrevolucionarias o antiliberales y ciertos sectores militares sí se pusieron manos a la obra para subvertir el orden constitucional y recabaron con éxito la intervención internacional de la Italia fascista antes del golpe, es decir, hicieron todo aquello de lo que acusaban falsamente a la izquierda republicana y obrera. Prueba de ellos son los contratos anteriormente mencionados; los planes de Mola que hacían referencia a una sublevación “sangrienta” que debía llevar a las tropas desde el extrarradio de la península a Madrid, ya que como predijo el propio militar: el golpe fracasaría en Madrid y Barcelona.

9. En la primavera de 1936 no existía el terror rojo. 

“No había ninguna dinámica de exterminio ni liquidación de los enemigos de clase que pudiera continuarse después del 18 de julio, es decir, no se asesinaba a las gentes de orden”. Para demostrar esta afirmación y desmontar el mito del terror rojo en la primavera del '36, el coordinador de la obra Francisco Sánchez recurre a los datos. El número de empresarios y propietarios que fueron asesinados en los meses anteriores al 18 de julio es ínfimo y el de religiosos inexistente. “Por lo que sabemos murieron más empresarios entre 1919 y 1923 en toda España que en la primavera de 1936”, asegura Sánchez, quien añade que en 1923 fue asesinado un arzobispo y un cardenal (Soldevila). “Lo que no ocurrió en toda la República”, sentencia.

10. La URSS o la Komintern no planeaban ninguna intervención en España. 

La Unión Soviética, en contacto directo con el PCE, no tenía prevista una intervención revolucionaria en España. De hecho, en ningún lugar de Europa entre 1918 y 1939 triunfó ninguna revolución obrera ni hubo ninguna “expansión comunista”, pues el comunismo “no pudo o no supo salir de la URSS”.

Las pruebas que en este sentido ofrecieron los conspiradores fueron una serie de documentos cuya autoría se desconoce a “ciencia cierta”, pero que “diversos indicios permiten endosárselas al propio Mola”. Estos documentos venían a señalar el inicio de una revolución soviética en el verano del '36.  No obstante, una vez iniciada la guerra, esos documentos que habían sido el hazmerreír de muchos cuando se hicieron públicos, se transformaron en una de las principales herramientas propagandísticas del bando franquista. “Y sorprendentemente, todavía hoy continúan siendo esgrimidos por algunos para justificar la rebelión militar”, sentencia Sánchez.

Publicado originalmente en:

20 de enero de 2013

Carthago Nova, la película

Carthago Nova es un largometraje de animación digital que a través de una trama y unos personajes de ficción nos transporta al siglo I. d.C. y nos permite descubrir una de las ciudades más importantes de Hispania.

Fue finalista a mejor película de animación en los premios Goya 2012 y nominada en los Hollywood Music in Media Award. Su fidelidad histórica y calidad técnica en la reconstrucción de esta antigua ciudad romana de Hispania, con pasado púnico, bien merecen un reconocimiento.

Su distribución es libre a través de YouTube bajo licencia CC.

El largometraje realiza un completo recorrido por la ciudad de Carthago Nova a través de una historia de ficción protagonizada por la próspera familia Albino y su lucha con el poderoso y codicioso Lucio Andro.

Esta propuesta pretende enseñar, de una forma amena y con total rigor histórico, las construcciones y los aspectos más destacados de la sociedad romana que habitaba en Carthago Nova, cuya trama urbana ha sido reconstruida digitalmente en su totalidad a partir de los restos arqueológicos encontrados en la actual Cartagena.

En el portal de Internet www.carthagonova.com se puede ver un tráiler de la película y consultar la más completa información existente en Internet sobre Carthago Nova, como espacios virtuales, artículos, vídeos y páginas webs.

'Carthago Nova' es una iniciativa de la Consejería de Economía y Hacienda ejecutada por la Fundación Integra dentro del proyecto Región de Murcia Digital (www.regmurcia.com), en la que han colaborado varias entidades, como el Ayuntamiento de Cartagena, el Museo Arqueológico Municipal de Cartagena, la Fundación Teatro Romano de Cartagena, la Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia y la coral Discantus. Asimismo, cuenta con financiación de fondos europeos FEDER.



18 de noviembre de 2012

Las Independencias de España (primera parte)

Un nación es mucha gente que vive en el mismo lugar, puede que esta cita de James Joyce, por la sencillez de su planteamiento, sea la definición más acertada que podamos encontrar de nación. Con ella nos surge una primera pregunta, más complicada de responder: ¿dónde ponemos el límite? ¿cómo cuantificamos ese mucha gente

Ya tratamos, aquí en La Estantería, una curiosa propuesta a este respecto en la entrada El Desglose de las Naciones de Leopold Khor, en ella vimos como llevó su máxima sino funciona es porque es demasiado grande, a la teoría política y al diseño de naciones.

En España, desde luego, estamos acostumbrados al discurso nacionalista y regionalista que desde partidos políticos, asociaciones ciudadanas e, incluso, administraciones se nos plantea a diario.

Por ello el motivo de esta entrada, en ocasiones es necesario echar el freno e intentar ver la situación con perspectiva ¿cuántos movimientos independentistas hay en España? ¿todos plantean una secesión del resto del Estado o bien una nueva Comunidad Autónoma o una nueva provincia?. 

A estas preguntas intentaremos dar respuesta a continuación:

Nacionalismo Catalán.

El nacionalismo catalán es una corriente ideológica basada en el entendimiento de Cataluña como nación, como resultado de su historia, su lengua y el derecho civil catalán.

Esta corriente de pensamiento se conformó ideológicamente en la primera década del siglo XX, como una variante del Catalanismo, surgido como movimiento cultural en la década de los años 1830, y articulado como movimiento político en las últimas décadas del siglo XIX.

El nacionalismo catalán constituye mayoría parlamentaria en el parlamento catalán.

La estelada (en catalán significa «estrellada») es una bandera no oficial, utilizada generalmente por los partidarios de ideología independentista de Cataluña o, por extensión, de los denominados Países Catalanes.

Su origen data de inicios del siglo XX (se cree que en 1908) y nació de la fusión de las cuatro barras tradicionales de la bandera de la Corona de Aragón (el Señal Real de Aragón), con el triángulo estrellado inspirado en las banderas de Cuba y Puerto Rico, tras una estancia en Cuba de Vicenç Albert Ballester, que fue activista del partido Unión Catalanista y de otros movimientos e iniciativas de carácter independentista catalán. 

Se había tomado este modelo puesto que Cuba era un estado que se había independizado hacía poco de España y era por lo tanto un referente en la lucha nacionalista. Ballester residió en Cuba temporalmente y admiró su lucha contra el Imperio español.

Hay dos clases principales de esteladas catalanas:

La denominada estelada blava (estrellada azul), que es la original y que ya se encuentra en publicaciones de 1918, es utilizada por sectores del nacionalismo catalán e independentistas de ideología no marxista.

File:Estelada blava.svg

La denominada estelada vermella (estrellada roja). El color de la estrella es el rojo y suele relacionarse con la defensa de un estado independiente de carácter socialista. Fue promovida originalmente por el Partit Socialista d'Alliberament Nacional (PSAN) en los años 1970.

File:Estelada roja.svg

Dentro del nacionalismo e independentismo catalanes, existe un consenso tácito acerca de la extensión de la «nación catalana», si bien se hace mayor o menor hincapié en este concepto según de qué organización se trate. Esta nación englobaría las actuales comunidades autónomas de Cataluña, Valencia e Islas Baleares, la franja oriental de Aragón (la llamada Franja de Poniente), Andorra, la denominada Cataluña Norte (conocida también como la región del Rosellón) y el municipio sardo del Alguer, constituyendo así los denominados Países Catalanes o Comunidad Catalánica, con base en la unidad cultural y lingüística de dichos territorios.

File:Ppcc2007noms2.png

Estos futuribles Países Catalanes también cuenta con una propuesta de bandera inspirada en las versiones de la estelada.

File:Estelada dels PPCC independents.PNG

Nacionalismo Aranés.

El nacionalismo aranés reivindica la creación de un pacto de libre unión de este valle con respecto a Cataluña. El fundamento está basado en una lengua, el aranés, una cultura, y una identidad diferente a la catalana. De hecho, este valle, que formaba parte del Reino de Aragón, fue anexionado a la provincia de Lérida tras la división provincial de 1833. Y, pese a que formó parte de Aragón durante muchos años, tradicionalmente es occitano.

Hoy en día cuenta con una asamblea propia (el Consejo General de Arán), denominada Consejo General de Arán que ha reclamado a la Generalidad de Cataluña ser reconocida como realidad nacional.


El Consejo General de Arán aprobó por unanimidad en 2005 un documento en el que solicitaba que el nuevo estatuto de autonomía de la comunidad catalana estableciera un pacto de libre unión de Arán con Cataluña.

El Valle de Arán cuenta con un himno nacional propio, llamado Montanhes araneses y una bandera propia basada en la bandera tradicional de Occitania.


File:Bandera de la Vall d'Aran.svg

Nacionalismo Vasco.

El nacionalismo vasco, desarrollado, entre otros, por Sabino Arana a finales del siglo XIX, es una ideología política que aboga por la unidad y defensa de la entidad política de los territorios que entiende que configuran la nación vasca y que actualmente se reparten entre dos Estados: España y Francia, por lo que su extensión territorial se corresponde con la del territorio definido tradicionalmente como Euskal Herria o Vasconia.

File:Euscalerria.gif

Dicho territorio comprende la actual comunidad autónoma del País Vasco y la comunidad foral de Navarra, el condado de Treviño (provincia de Burgos), Valle de Villaverde (Cantabria) y parte del departamento francés de Pirineos Atlánticos (los tres territorios históricos que conforman el País Vasco francés: Baja Navarra, Labort y Sola).

Euskal Herria (que significa país del euskera) es el término en euskera con que se hace referencia  «a un espacio o región cultural europea, situado a ambos lados de los Pirineos y que comprende territorios de los estados español y francés. Por lo tanto, se conoce como Euskal Herria o Vasconia al espacio en el que la cultura vasca se manifiesta en toda su dimensión».

El término Euskal Herria está documentado en distintas formas desde el siglo XVI, hasta la unificación de la grafía en euskera propuesta por Koldo Mitxelena en 1968. Aparece en el manuscrito del alavés Juan Pérez de Lazarraga datado en 1564–1567 escrito como eusquel erria y eusquel erriau y en la traducción de la Biblia del labortano Joanes Leizarraga publicada en 1571 como heuscal herrian o Heuscal-Herrian. Empieza a ser empleado en castellano fundamentalmente a partir del siglo XIX, si bien en castellano ha sido más frecuente históricamente la forma Vasconia.

Vasconia, en su origen, es el nombre latino que recibió el territorio habitado por los vascones en tierras de Navarra, zonas fronterizas de Aragón y Guipúzcoa además de una zona amplia de la actual Rioja. 

Posteriormente, Vasconia se empleó también para designar los territorios relacionados con el merovingio ducado de Vasconia, evolucionando en este caso al término Wasconia y, más tarde, Gascuña.

File:Duchy of Vasconia.gif

La ikurriña, voz del euskera, también escrito ikurrina, es el nombre de la bandera oficial del País Vasco adoptada por el Estatuto de Autonomía de 1979. Fue declarada oficial por primera vez en 1936 por el Gobierno de Euskadi. También se emplea como bandera vasca, sin carácter oficial, en el resto de los territorios considerados por el nacionalismo vasco como integrantes de Euskal Herria.

Fue creada en 1894 por los hermanos Luis y Sabino Arana (el fundador del Partido Nacionalista Vasco), y en un principio correspondía, dentro de la serie de banderas que diseñaron, a la que identificaba el territorio de Vizcaya. Posteriormente pasó a representar a los seis territorios vascos y, con la constitución de la comunidad autónoma del País Vasco, se adoptó como su bandera oficial.

Anteriormente habían existido diversos intentos de inventarse una bandera que simbolizara en conjunto a las provincias de Álava, Vizcaya y Guipúzcoa pero no fructificaron, como el realizado por Pedro de Soraluce.


La palabra ikurriña, con la grafía ikuŕiña, es también creación de Arana, un neologismo procedente de ikur (símbolo en euskera). Según explicaba Arana el diseño de la bandera se basó en el del escudo de Vizcaya:

El fondo de nuestra Bandera es rojo, como el fondo del Escudo (de Vizcaya)...
La Cruz blanca de la Bandera es la Cruz blanca del Escudo y el Jaun-Goikua [Dios] del Lema...
La Cruz verde de San Andrés representa a un tiempo por su color el Roble del Escudo y las leyes patrias...
Unidos están la Cruz y el Roble en el Escudo unidos por el eta, el Jaun-Goikua y el Lagi-Zaŕa: del Lema; y unidas por lo tanto en un centro común deben estar en la Bandera las dos Cruces, blanca y verde. Y así como en la unión de la Cruz y el Roble en el Escudo, aquélla ocupa el lugar preferente, y en la unión del Jaun-Goikua y el Lagi-Zaŕa: en el Lema lo ocupa el primero: así también en la Bandera la Cruz blanca está superpuesta a la verde de San Andrés.

File:Flag of the Basque Country.svg

Nacionalismo Navarro.

Arrano Beltza es una expresión en euskera, traducida como "Águila Negra", con la que se denomina popularmente a un emblema utilizado por sectores de ideología nacionalista que lo emplean como símbolo alternativo o reivindicativo, atribuyéndole la representación del antiguo reino de Navarra.

File:AntsoVIIArrano.JPG

Con frecuencia el emblema aparece reproducido en forma de águila estilizada según el estilo gráfico gótico a imagen de algunos sellos históricos conservados de principios del siglo XIII, coloreándose de negro sobre fondo amarillo, tanto en banderas como composiciones heráldicas. 

File:Arrano Beltza.svg

Sectores de la denominada ideología abertzale han difundido el uso del Arrano Beltza como símbolo alternativo de Navarra. 

También usado por la llamada izquierda abertzale es una bandera de Navarra alternativa, sin escudo ni corona.

File:744px-Nafarroako bandera, kororik gabea.svg-1-.png

La Constitución Española prevé la unión de las Comunidades Autónomas del Pais Vasco y Navarra mediante un proceso que incluye un plebiscito, sin que hasta la fecha se haya hecho uso de este mecanismo.

Continuara en un próximo post....

Fuente de la entrada wikipedia.


España, el Holocausto y la memoria perdida


Los aniversarios son como mojones que sirven de referentes para la memoria y la reflexión. Deben ser también ocasión para salir al paso de distorsiones u ocultamientos de acontecimientos del pasado. Hace ahora 70 años Europa se desangraba en una feroz guerra, a la vez que vivía el horror, hasta entonces impensable, de la puesta en marcha de la decisión nazi de exterminar masivamente a los judíos, mediante una minuciosa organización industrial. Estamos en el 70º aniversario de graves acontecimientos a los que España no fue tan ajena como algunos han venido pretendiendo.

A finales de agosto de 1942 se iniciaba la batalla de Stalingrado que se prolongaría hasta finales de enero de 1943 en que el general Von Paulus se rindió ante el Ejército Rojo. Esta derrota de los alemanes en la batalla en la que se luchó con una ferocidad sin precedentes en la historia de las guerras, marcaría el comienzo del declive bélico de la Alemania hitleriana. Mientras la Wehrmacht y el Ejército Rojo se disputaban la ciudad luchando encarnizadamente calle a calle, casa a casa, durante cinco meses decisivos, un contingente militar español, la célebre División Azul, integrada en el Ejército alemán, vistiendo su uniforme y entrenada por oficiales alemanes, combatía a los rusos desde octubre de 1941 cerca de Novgorod.

Otro acontecimiento, de especial gravedad, que comenzó a desarrollarse en 1942, es merecedor de ser recordado. Me refiero a la conocida como “solución final”, la decisión nazi de exterminar físicamente a los judíos de Europa en campos industrialmente diseñados para realizarlo de manera masiva. Esa criminal decisión fue adoptada, como es bien sabido, en la reunión secreta de 14 oficiales de las SS, que tuvo lugar el 20 de enero de 1942 en el palacio de Wansee, a las afueras de Berlín.

A esa estrategia asesina planificada e impulsada por los nazis se sumaron dirigentes políticos de otros países europeos. El pasado 22 de julio, la República Francesa conmemoraba lo ocurrido hace 70 años en el Vel d’Hiv (velódromo de invierno) de París los días 16 y 17 de julio de 1942. La policía francesa, siguiendo las órdenes de las autoridades de Vichy, se sumaba activamente a la política nazi de exterminio de los judíos. Hizo una redada masiva en la que detuvieron a 13.152 personas, incluidos miles de mujeres y niños, que fueron encerrados en esa instalación deportiva y seguidamente trasladados en trenes a campos de exterminio, principalmente a Auschwitz (Polonia) donde la mayoría fueron asesinados en las cámaras de gas. En toda esa operación no intervinieron los nazis. Fue planificada y ejecutada por la policía y la gendarmería francesas.

El discurso de François Hollande sobre “la verdad de lo ocurrido” ha seguido la misma línea del que pronunció Jacques Chirac en el mismo lugar el 16 de julio de 1995, con el que por primera vez reconoció oficialmente que “Francia había cometido lo irreparable”. Hollande reafirmó en su discurso, frente a los que siguen sosteniendo que ese crimen no se puede atribuir a Francia, la necesidad de luchar sin descanso contra toda forma de falsificación de la Historia y expresó la necesidad de que la Shoah se enseñe en todos los centros escolares.

Bélgica también ha pedido perdón oficialmente, por primera vez, por su complicidad en las deportaciones de judíos. A finales del pasado mes de agosto, en un acto celebrado en el Ayuntamiento de Bruselas, el alcalde, Freddy Thielemans, pidió disculpas por la creación en 1940 de un censo que permitió fichar a más de 5.600 judíos y sirvió de gran ayuda a las autoridades alemanas para identificarlos y enviarlos desde Malinas a Auschwitz.

España no llegó a incurrir en aquellos sombríos años cuarenta en un comportamiento criminal que pueda asemejarse a la redada del Vel d’Hiv de París. Pero hizo preparativos que hubieran podido conducir a resultados parecidos a los de Bélgica. El régimen de Franco elaboró también un archivo encaminado a colaborar en el Holocausto. El 13 de mayo de 1941, todos los gobernadores civiles españoles recibieron una circular remitida por la Dirección General de Seguridad, en la que les ordenaban que enviaran a la central informes individuales de “los israelitas nacionales y extranjeros afincados en esa provincia”. La circular estaba firmada por José Finat Escrivá de Romaní, conde de Mayalde, quien poco después sería enviado a Berlín como embajador de España (y posteriormente llegaría a ser nombrado por Franco alcalde de Madrid). Allí entregó a Himmler su lista de 6.000 judíos españoles fichados.

El objetivo de aquella pesquisa policial no era controlar a los judíos que pasaban por España hacia Portugal para allí embarcarse hacia América huyendo de la persecución nazi, sino a los judíos españoles de origen sefardí. “Las personas objeto de la medida que le recomiendo”, decía la circular, “han de ser principalmente aquellas de origen español designadas con el nombre de sefardíes, puesto que por su adaptación al ambiente y similitud con nuestro temperamento poseen mayores garantías de ocultar su origen y hasta pasar desapercibidos sin posibilidad alguna de coartar el alcance de fáciles manejos perturbadores”.

En la reunión secreta que tuvo lugar en el palacio de Wansee, a las afueras de Berlín, en enero de 1942, que he citado más arriba, se hizo referencia a los 6.000 judíos españoles censados por el Gobierno español, archivo entregado a las autoridades alemanas.

Elaborado ese censo de judíos españoles en fechas en que se debatía la inminente participación oficial de España en la Guerra Mundial junto a la Alemania nazi, esta opción, impulsada por los falangistas, se vio truncada por las complejas circunstancias conocidas, y la iniciada colaboración española con lo que llegaría a conocerse como Holocausto resultó fallida.

Pasado el tiempo, ese censo de los judíos españoles, como toda la documentación comprometedora para el régimen franquista sobre la persecución antisemita de los años cuarenta, fue ocultada y sistemáticamente destruida. Al terminar la II Guerra Mundial, la propaganda franquista intentó, con cierto éxito, hacer creer que la España de Franco había contribuido a la salvación de miles de judíos perseguidos por los nazis. Ha sido la paciente labor investigadora del periodista Jacobo Israel Garzón, la que ha conseguido aflorar el único rastro documental conocido sobre el asunto, casualmente conservado en el Archivo Histórico Nacional, y proveniente del Gobierno Civil de Zaragoza. Lo publicó en la revista Raíces. El periodista Jorge Martínez Reverte prosiguió la indagación y describió la frustrada colaboración del Gobierno de Franco con el Holocausto en un reportaje publicado en EL PAÍS el 20 de junio de 2010, bajo el título La lista de Franco para el Holocausto.

A esta diligente colaboración del régimen de Franco encaminada a propósitos criminales, hay que añadir la pasividad, los silencios y las ocultaciones a la opinión pública española, por parte de las autoridades franquistas, del desarrollo del Holocausto a lo largo de 1942, 1943, 1944 y 1945. Franco tuvo noticia del Holocausto, desde luego a partir de la declaración oficial de los Gobiernos de los Estados Unidos, Gran Bretaña y otros 10 países aliados, del 17 de diciembre de 1942, condenando públicamente la política nazi de exterminio. La prensa española, sometida a estricta censura, no dijo ni media palabra sobre el asunto. Y en agosto de 1944 el diplomático español Ángel Sanz Briz, destinado como embajador en Budapest, envió un informe a las autoridades españolas dando cuenta del exterminio de judíos en Auschwitz. No consta que recibiera respuesta.

Con razón se ha dicho que los crímenes masivos de los nazis no hubieran sido posibles sin la complicidad y los clamorosos silencios y ocultamientos de ciertas autoridades militares, civiles y eclesiásticas de los demás países europeos.


11 de noviembre de 2012

La partitobancacracia es el verdadero cáncer de la economía española


El liderazgo político en España se encuentra huérfano y, desgraciadamente, los ciudadanos españoles no están protegidos por una democracia auténtica. De hecho, la dictadura de los partidos políticos ha instaurado un malvado régimen que puede denominarse como "partitobancacracia". Este sistema, gestionado por una oligarquía política y patrocinado por una élite financiera, expolia a ciudadanos y empresas para mantener sus desproporcionados e injustos privilegios.

La casta política se ha convertido en una clase opresora que, en connivencia con la banca, está empobreciendo a la clase media (el principal elemento estabilizador de España) y destruyendo a las pymes y a los autónomos (la base del tejido empresarial español). El control político, ejercido mediante un modelo de Estado autonómico fundamentado en la politización, la puesta en práctica de estrategias políticas clientelares y la concesión de subvenciones amigas, es la herramienta que sostiene al citado sistema.

La politización de la Administración (y el deficitario sector público empresarial), de la Justicia, de la educación y de la mitad del sistema financiero español (las extintas cajas de ahorros) han convertido a España en un país tercermundista si atendemos a la existencia de unos dirigentes enriquecidos y a una clase media y a unas pymes en vías de extinción.

Igualmente, la construcción de una red clientelar, sustentada por un entramado político institucional creado en torno a los gobiernos autonómicos y a los ayuntamientos, ha provocado que una gran parte de ciudadanos y empresas dependan del poder político para subsistir. (Las subvenciones han constituido un instrumento eficaz para lograr este propósito).

La economía española no podrá salir de la UCI mientras el problema político no se solucione. Y es que el "sistema partitobancacrático" representa el mayor obstáculo para la recuperación económica de nuestro país. España necesita una completa regeneración democrática (comenzando por un cambio en la ley electoral y de los partidos políticos, eliminando subvenciones a los partidos, los sindicatos y la patronal, desprofesionalizando el ejercicio de la política y profesionalizando la gestión...) y, sobre todo, una reforma del modelo de Estado.

¿Por qué la casta política confunde austeridad con recortes? La austeridad debe imponerse en la Administración (gasto público-político, duplicidades y triplicidades administrativas, personal político sobrante...) y no aplicarse indiscriminadamente a ciudadanos, pymes y autónomos en forma de recortes. Los impuestos de los españoles no se pueden destinar a financiar el gasto público y el gasto político improductivo. Del mismo modo, la Administración no puede absorber (para mantener a la casta) el crédito que necesita la economía productiva.

La crisis sería historia si la economía española no tuviera el tapón político que tiene. Y lo primero que debería hacer el Gobierno es centrarse en el primer problema de nuestro país: el sistema político corrupto creado en torno a un modelo de Estado económicamente insostenible. La economía de España depende de ello, pero acometer esta misión implica liderazgo político. Y no es extraño que, aprovechando esta falta de liderazgo del Gobierno central, los enemigos de la unidad de España quieran independizarse.

Siguen cohabitando las dos Españas de Machado. La España de los brotes verdes conformada por la casta política y la España seca integrada por los parados, los desahuciados, las arruinadas pymes, los esquilmados autónomos, las familias que no llegan a final de mes... El ejemplo es la esencia del verdadero liderazgo, pero casi ningún miembro de la casta política conoce esta máxima. Por eso, ahora más que nunca, necesitamos el contrapoder de la sociedad civil y de los medios de comunicación.

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