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30 de septiembre de 2009

~ El primer Sexólogo de la Historia: Plinio el Viejo


Cayo Plinio Cecilio Segundo, conocido como Plinio el Viejo, fue un escritor, científico, naturalista y militar romano. Nació en Comum, la actual Como, en Italia, en el año 23, y murió en Estabia, hoy Castellammare di Stabia, el 24 de agosto del año 79.

Su obra principal es la Naturalis Historiæ (Historia Natural) una enciclopedia escrita entre los años 23 y 79 de nuestra era.

Actualmente se conservan únicamente 37 libros que versan sobre las más diversas materias como geografía, geología o botánica; y entre todas ellas trata también la sexualidad humana.

Ciñéndonos al tema de la sexualidad, Plinio trató prácticamente todos sus aspectos: afrodisíacos, inhibidores sexuales, esterilidad, antiabortibos, impotencia, métodos anticonceptivos... multitud de consejos para los antiguos romanos que son realmente sorprendentes, en las siguiente líneas podréis ver algunos de ellos:

"Llevar atada como amuleto la parte derecha de la trompa [de un elefante] con tierra roja de Lemnos es un afrodisíaco" libro XXVIII-88.

"Atarse en el brazo derecho los dientes de la mandíbula derecha de un cocodrilo del Nilo es un gran afrodisíaco" libro XXVIII-107.


"La parte derecha de un pulmón de buitre, colgada como amuleto en una piel de grulla, excita el deseo sexual del hombre; igual que si se toma a sorbos, con miel, yema de cinco huevos de paloma, mezclados con un denario de grasa de cerdo; o se toman en la comida gorriones o sus huevos; o se cuelga como amuleto, en una piel de carnero, el testículo derecho de un gallo" libro XXX-141.

"El líquido procedente del coito del caballo y los testículos de caballo secos para que puedan ser diluidos en la bebida; el testículo derecho de un burro bebido en una dosis proporcional de vino o atado en un brazalete" libro XXVIII-261.

"Un lagarto ahogado en la orina de un hombre inhibe el deseo sexual del que lo ha matado; en efecto, los magos lo cuentan entre los filtros amorosos, pudiendo valer también los excrementos de caracol y paloma tomados con aceite y vino" libro XXX-141.


"Son también exóticos los caracales (no los confundáis con los caracoles), que tienen la vista más aguda de todos los cuadrúpedos. En la isla Cárpatos cuentan que quemar todas sus garras con la piel es muy eficaz. Beber esta ceniza inhibe la conducta impúdica de los hombres y rociarse con ella, el deseo sexual de las mujeres" libro XXVIII-122.

"Tome los genitales de un ciervo con miel y le asegura que ya no podrá resistirse al sexo contrario". También esta fórmula, contenida en su libro XXVIII-98, con ciertas variantes pude servir para que una mujer no aborte, eso sí debe de atarse al cuello "la carne blanca del pecho de la hiena, siete pelos y los genitales del ciervo, colgando de piel de gacela".

Otros afrodisíacos procedentes del burro, animal famoso por su miembro viril, es el sumergir los testículos en aceite hirviendo, me refiero a los del burro y no los del hombre que necesita dicho afrodisíaco, siete veces y después untar con ellos las partes pudendas del paciente. También recoge que se debe de beber la ceniza de los testículos del burro, pobre animal, o beber la orina de toro después del coito de este y se aplique en linimento con su propio lodo al pubis. Eso sí, dice que "pero al contrario, es un anti-afrodisíaco para los hombres el linimento de excremento de toro" libro XXVIII-262.

Plinio también piensa en aquellos a los que su pareja les reclame su deber conyugal más de lo que su cuerpo puede responder, sin tener que recurrir a un amigo que le ayude en esas delicadas tareas, “Se puede solucionar frotándole a la mujer en la zona lumbar sangre de una garrapata de un buey negro salvaje, lo que le produce hastío de los placeres amorosos”.


Otro remedio que propone es darle a beber "Orina de macho cabrío pero con nardo para evitar la repugnancia" libro XXVIIII-256.

Esta recomendación se complementa con lo siguiente: "Cosas asombrosas, si son ciertas, se dicen también sobre la ceniza de salamanquesa: envuelta en un paño, en la mano izquierda, estimula el deseo sexual y las inhibe, si se pasa a la mano derecha; asimismo estimula la libido un hilo, impregnado con sangre de murciélago y colocado bajo la cabeza de las mujeres, o la lengua de oca, tomada en la comida o en brebaje" libro XXX-143.

En su libro XXXII-139 sigue con lo mismo, pero con distintos componentes, que remedios tenía un montón Plinio: "La rémora, la piel de la parte izquierda de la frente del hipopótamo, envuelta en piel de cordero, y la hiel de la tembladera viva aplicada a los genitales, inhiben el impulso amoroso. Lo aumentan la carne de caracoles de río preservada en sal y administrada con vino, el comer erytini, el llevar como amuleto el hígado de rana diopetes o calamites envuelto en una piel de grulla, o una muela de cocodrilo atada al antebrazo, o un caballo de mar, o tendones de rana rubeta atados al brazo derecho", para terminar dándonos el remedio por el que dejaremos de estar enamorados: "Se acaba con el amor llevando colgada del cuello una rana rubeta envuelta en una piel fresca de oveja".


Para aquellos que insistían en el coito y tenían deseos de ser padres sin conseguirlo proponía los siguientes remedios, tened en cuenta que todavía no estaba inventada la fecundación 'in vitro': "La esterilidad femenina se corregirá comiendo un ojo de hiena con regaliz y eneldo: está garantizada la concepción en un plazo de tres días" libro XXVIII-97.

En su libro XXX-142 dice: "Hacen que se queden embarazadas las mujeres, en contra de su voluntad, las crines de cola de mula, si se arrancan durante la monta y se anudan en el transcurso del coito humano".

En este mismo apartado, dando por hecho el embarazo, da la fórmula para que no se aborte de la siguiente forma: "Las friegas con ceniza de ibis y grasa de oca y aceite de iris mantienen el feto en el útero; por el contrario, dicen que se inhibe el deseo sexual con los testículos de un gallo de pelea frotados con grasa de oca y colgados como amuleto en una piel de carnero; igual que con los de cualquier clase de gallo, si se colocan debajo del lecho con la sangre del animal".

También el el libro XXX-124 da este consejo: "La ceniza de erizos, ungida con aceite, protege el parto contra los abortos".

El parto, ese momento doloroso y feliz de las mujeres, se atenúa con recetas como esta, incluida en el libro XXX-124: "Dan a luz más fácilmente las que han bebido excrementos de oca en dos ciatos de agua o las secreciones que fluyen de la matriz de la comadreja por la vulva"