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5 de mayo de 2010

~ Anatomía de un Instante de Javier Cercas

Aunque no acostumbro a ello, hoy quiero compartir con vosotros un fragmento del libro que termine de leer el otro día 'Anatomía de un instante' de Javier Cercas.

Tenía ganas de leerlo porque todo el mundo hablaba bien de él y solo encontraba buenas críticas en Internet, además Soldados de Salamina me gustó mucho (el libro claro, la película, pues bueno, supongo que el guionista que pensó que la historia de un excombatiente republicano de la Guerra Civil Española, que participó en la Segunda Guerra Mundial luchando por la Francia libre, liberó París de los nazis y perdonó la vida a un ideólogo de la Falange, necesitaba el contrapunto de una lesbiana, intentando aprovechar las dudas sobre su sexualidad de la protagonista para pillar cacho, será ahora un íntimo de Almodovar, ¿Para cuando la segunda parte con un, por ejemplo, no sé, un nazi yonki o un comisario político soviético transexual? No venga, en serio, cómo se puede hacer una película tan mala de una novela tan buena...)

Espero me perdonéis las divagaciones, el libro me ha gustado mucho, y sin duda os recomiendo su lectura. El fragmento que quiero mostraros me parece interesante porque creo que trata el punto clave de la transición, el que quizá no terminamos de ver claro, o estar de acuerdo, los que no vivimos aquella época:

Un cliché historiográfico afirma que el cambio de la dictadura a la democracia en España fue posible gracias a un pacto de olvido. Es mentira; o, lo que es lo mismo, es una verdad fragmentaria, que sólo empieza a completarse con el cliché opuesto: el cambio de la dictadura a la democracia en España fue posible gracias a un pacto de recuerdo. Hablando en general, la transición -el período histórico que conocemos con esa palabra equívoca, que sugiere la falsedad de que la democracia fue una consecuencia ineluctable del franquismo y no el fruto de una voluntariosa e improvisada concatenación de azares facilitada por la decrepitud de la dictadura- consistió en un pacto mediante el cual los vencidos de la guerra civil renunciaron a ajustar cuentas por lo ocurrido durante cuarenta y tres años de guerra y dictadura, mientas que, en contrapartida, tras cuarenta y tres años ajustándoles las cuentas a los vencidos los vencedores aceptaban la creación de un sistema político que acogiese a unos y a otros y que fuese en lo esencial idéntico al sistema derrotado en la guerra. Ese pacto no incluía olvidar el pasado: incluía aparcarlo, soslayarlo, darlo de lado; incluía renunciar a usarlo políticamente, pero no incluía olvidarlo.

Qué opináis, ¿Estáis de acuerdo? ¿Se hizo lo correcto? ¿Se obró mal o simplemente se hizo lo que se podía? ¿Fue justo? ¿Se sacrificó "lo justo" por "lo necesario"? Cercas opina que no se olvido el pasado, que se aparcó que se dió de lado, si esto es cierto, si se actuó así, ¿Ha llegado el momento de hablar de él, de ajustar cuentas?