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10 de octubre de 2011

Descubren un perro prehistórico con un hueso de mamut en la boca


Un equipo de investigadores ha descubierto los restos fósiles de tres perros del Paleolítico, uno de ellos con un hueso de mamut en la boca, que pudieron ser enterrados siguiendo un ritual típico de la época.

Los fósiles han sido descubiertos en la región de Predmostí, en la República Checa, según recoge la publicación Journal of Archaelogical Science.

Los científicos consideran que los tres animales fueron enterrados siguiendo un ritual y que un humano pudo colocar el hueso de mamut en la boca de uno de estos perros para que "estuviera alimentado y acompañara su alma y la de su dueño en su viaje después de la muerte".


Además, una vez fallecidos, los humanos retiraron el cerebro del cráneo de los perros, lo que puede implicar -según estos rituales- un significado asociado con la liberación de su espíritu.

Muchos pueblos indígenas de estas regiones europeas consideraban que la cabeza y el cerebro contenían el espíritu o el alma, así, los humanos hicieron un agujero en el cráneo del animal muerto para que el espíritu pudiera ser libre.

Otro de los aspectos que ha llamado la atención de los investigadores es que "los cráneos muestran signos claros de domesticación", asegura Mietje Germonpré, paleontóloga del Instituto Belga de Ciencias Naturales, en declaraciones recogidas por Discovery News.

Según la investigadora, los cráneos de estos ejemplares son significativamente más bajos que los de los fósiles que se han encontrado de lobos o de especies modernas de esta especie, e incluso poseen una estructura más ancha y un paladar diferente al de estos animales. Los paleontólgos han señalado que eran animales grandes, que pesaban alrededor de 35 kilos, por lo que eran utilizados como bestias de carga para ayudar a los humanos en el transporte de huesos, carne o leña.

Sus cráneos, explica Germonpré, "son similares al de un Husky siberiano, aunque más grandes y pesados que los ejemplares que conocemos actualmente".

El estudio, explican los investigadores, es "muy convincente", y demuestra "claramente que el proceso de domesticación de los perros se llevó a cabo miles de años antes de lo previsto", considera Rob Losey, otro de los paleontólogos que ha participado en la investigación.

Noticia original aquí.

11 de agosto de 2010

~ Cesar, el perro del rey

Realmente, debería ir pensando en poner una nueva categoría perros en blog porque ya hemos visto varias historias aquí en La Estantería que tienen a estos pequeños amigos de protagonistas: El Sargento Stubby, Los perros bombas soviéticos, El perro de Pompeya y hoy sumamos una más, qué le voy a hacer, yo tengo debilidad por esta clase de historias.

El 6 de mayo de 1910 fue un día de luto para Inglaterra y todo el Imperio Británico, esa mañana se celebraban los funerales por el recientemente fallecido Eduardo VII, el hombre más poderoso de su tiempo y cabeza visible de un Imperio en la cúspide de su poder que ocupaba 1/4 de la superficie de la Tierra.

El cortejo funebre era el más fastuoso que se había visto hasta la fecha no solo en Inglaterra, sino en toda Europa, los ingleses sabían que todo el planeta estaba pendiente de ese acto y no iban a dejar pasar oportunidad alguna de demostrar su grandeza.

Miembros de todas las Casas Reales y representantes de todos los gobiernos del mundo junto con dignatarios venidos de todos los rincones del Imperio seguían a pie la carroza escoltados por miembros de la Guardia Real y la Guardia Escocesa, sin embargo, precediéndoles, delante de elllos, justo detrás del féretro, un pequeño perro, un fox terrier, ocupaba el sitio de honor en el cortejo fúnebre.


Era Cesar el perro favorito del rey.


El pequeño terrier fue un regalo al rey de la Duquesa de Newcastle y, aunque el monarca tenía decenas de perros, enseguida se convirtió en el favorito del monarca.


El perro campaba a sus anchas por todo el palacio e incluso por las calles de Londres, para evitarle posibles desgracias el rey encargo un collar de oro para Cesar con la leyenda "Yo soy Cesar y pertenezco al Rey", huelga decir que cualquiera que se encontrase con el perro y viese el collar se abstendría muy mucho de tocarle un solo pelo.

Cesar acompañó al rey en muchos de sus viajes oficiales, provocando más de una vez retrasos en el horario previsto porque se escapaba y no aparecía por ninguna parte, el rey no dudaba en absoluto en ordenar batidas de decenas de policias para encontrarle y cuidado con que a alguno se le ocurriese darle un azote.


El papel de Cesar en el funeral de su dueño fue una hábil estratégia de los británicos, un sútil insulto para sus enemigos (el Kaiser Guillermo de Alemania se quejó en privado: me han hecho desfilar detrás de un perro) y una forma de focalizar el dolor de los ingleses, provocando la compasión por ese pequeño y triste perro.

Se editaron postales del acontecimiento y las más vendidas fueron, precisamente, las que mostraban a Cesar detrás del féretro. Se publicó un pequeño libro, escrito en teoría por el pequeño Cesar, llamado ¿Dónde estás maestro?


E incluso Maud Earl, el pintor de la corte, realizo un retrato del pequeño Cesar con la cabeza apoyada en el que había sido el sillón favorito del difunto rey.


César murió en abril del año 1914 y fue enterrado en los terrenos de la Casa Marlborough, residencia de la reina Alexandra.

En su lápida se grabó una inscripción que dice: “Nuestro querido César quien fue compañero fiel y constante del Rey hasta su muerte, y mi mayor consuelo de soledad y dolor durante cuatro años después“.


En Windsor, en la capilla de San Jorge, se encuenta el monumento funerario donde descansan Eduardo VII y la reina, sobre él, tallados en marmol, el rey y la reina duermen el sueño eterno, a sus pies, la talla de un pequeño fox terrier vigila por siempre su descanso.

10 de marzo de 2010

~ Los Perros Bomba de la Segunda Guerra Mundial

La verdad es que debería abrir una nueva categoría en blog para perros, después de la historia del Sgto. Stubby continuamos hoy con otra historia de perros, en esta ocasión más sádica, de la II Guerra Mundial.

Junio de 1941 3 millones y medio de soldados alemanes y más de 600 tanques inician la invasión de la Unión Soviética a través de las fronteras europeas, su avance es imparable, en solo 4 dias avanzan más de 100 kilómetros dejando a su paso más de 300 tanques soviéticos destruidos, la inquietud en el alto mando ruso es más que palpable, la superioridad alemana es abrumadora y la pregunta inevitable ¿cómo combatir la terrible efectividad de los Panzers Alemanes?

De repente a alguien se le ocurre una idea descabellada: Digo yo Ivanovich y si cogemos un perro le atamos una bomba y lo mandamos hacia el Panzer para hacerlo explotar en plan 'kamikaze'.

Nunca sabremos si fue fruto de la desesperación, del ingenio o del vodka de campaña pero lo cierto es que los soviéticos decidieron poner en marcha su plan de perros-bomba.

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Perro-bomba soviético entrenando

El hombre ha empleado perros en sus guerras desde la antigüedad, es notable, por poner un ejemplo, el uso de perros por parte de los conquistadores españoles en América, sin embargo fueron los soviéticos en la II Guerra Mundial los que fueron un paso más allá al convertirlos literalmente en bombas con patas.

La idea en principio era sencilla, aunque no fuese tan fácil llevarla a la práctica como ahora veremos, se dejaba a los perros varios días sin comer, tras ese tiempo se le adiestraba de manera que el perro, al abrir la jaula y quedar suelto, siempre era recompensado con comida al ir hacia los bajos de un tanque que había en las proximidades.

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Tropas alemanas con un perro-bomba soviético capturado

El primer método que idearon no implicaba el sacrificio del animal: el perro llevaba una bomba en un arnés a la espalda con un temporizador, se soltaba al perro, que ya adiestrado, se dirigía hacia los bajos del Panzer alemán, con la boca tiraba de una cuerda que hacia caer la bomba, tras lo que el perro volvía hacia posiciones rusas, sin embargo, la maniobra resulto ser muy complicada para los perros, volviendo muchas veces a sus trincheras sin haber abandonado la bomba con el peligro que eso implica para las tropas y sus propios entrenadores.

De forma que decidieron simplificar la idea.

Las bombas que llevaban ahora en la espalda tenían una especie de espoleta de madera que al contacto con el fuselaje del tanque explotaban llevándose por delante Panzer y perro.

En Agosto del mismo 1941 los primeros 30 perros bomba estaban listos para entrar en combate, aunque los soviéticos iban a comprar que su idea de perros kamikazes no era tan fácil de llevar a la práctica.

Una vez en combate, los perros, que habían sido entrenado con tanques soviéticos que estaban aparcados, se asustan de los tanques en movimiento, además los Panzer funcionaban con gasolina y ellos estaban acostumbrados al olor del diesel de los tanques rusos así que ya os podéis imaginar que tanques eran sus favoritos, de los 30 perros, solo 4 consiguieron detonar sus bombas cerca de los tanques alemanes, 6 volvieron espantados por el espectáculo a sus propias lineas, aún con las bombas a la espalda, causando decenas de bajas propias y los 20 restantes fueron victimas de los disparos alemanes y soviéticos.

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Tropas alemanas en la Batalla del Kurks

Los rusos no se amilanaron ante este primer fracaso y es de justicia reconocer que la táctica de los perros bomba consiguió algunos éxitos ocasionales, como en la Batalla del Kurks donde otros 30 perros dejaron fuera de combate a 28 Panzer.

Sin embargo, estos números están muy lejos de lo que contaba la propaganda soviética, en realidad los alemanes nunca llegaron a tomarse en serio la amenaza de los perros bomba a la que bautizaron Panzerabwehrhunde.

A partir de 1942 los soviéticos abandonaron progresivamente el uso de perros-antitanque, no ha sido hasta fechas muy recientes cuando insurgentes iraquies y afganos han recuperado el uso de perros bomba empleándolos, esta vez, contra las tropas estadounidenses.


->Fuente

4 de noviembre de 2009

~ Sgto. Stubby, el primer perro heroe de guerra.


El Sargento Stubby es el perro más condecorado de la historia militar y el único ascendido a sargento por méritos de guerra. Stubby fue encontrado en el campus de Yale en 1917 por John Robert Conroy, era una mezcla de Boston Terrier y Pit Bull.

En 1917 la I Guerra Mundial estaba en su punto álgido, los Estados Unidos estaban inmersos completamente en el conflicto y Conroe no tardó en ser llamado a filas, partiendo hacia Francia en el USS Minnesota llevando al protagonista de nuestra historia de contrabando.

Una vez en Francia Stubby es descubierto pero los mandos permiten a Conroe quedarse con el perro ya que comprobaron que servía de distracción y subía la moral a las tropas.

De esta forma Stubby queda encuadrado con el 102 de infantería americana, aguantando 18 meses en las trincheras francesas participando en 4 ofensivas y 17 batallas.

Entró por primera vez en combato el 5 de febrero de 1918 en Chemin des Dames. En abril durante una incursión a Schieprey fue herido en una pata por los soldados alemanes en retirada.

Tras los primeros ataques con gas venenoso, Stubby aprendió a advertir a su unidad del peligro ya que podía oír el silbido de los proyectiles al expulsar el gas mucho antes que sus compañeros humanos.

Pero sin duda la mayor hazaña de Stubby fue la captura de un soldado alemán, durante un periodo de descanso en el combate Stubby escuchó un rudio tras unos matorrales, se acercó, movido por la curiosidad, descubriendo a un espía alemán, el soldado intento echar a correr pero Stubby empezó a forcejear con él y a ladrar; cuando, alertados por el ruido, llegaron otros soldados se encontraron al espía en el suelo boca abajo mientras Stubby lo inmovilizaba mordiéndolo en trasero. Esta acción le valió a Stubby su ascenso a Sargento.

De regreso a casa Stubby se convirtió en una celebridad, participó en desfiles por todo el país, se reunió con los presidentes Woodrow Wilson, Calvin Coolidge, y Warren G. Harding; fue nombrado miembro vitalicio de la Cruz Roja, la legión americana y el YMCA (asociación cristiana de jóvenes). Tras la vuelta de Conroe a los estudios, Stubby, ya como civil, se convirtió en la mascota de la Universidad de Georgetown.

En 1926, un Stubby ya anciano, había cumplido 10 años, murió en los brazos de Conroy.

Entre las condecoracions que recibió a lo largo de su vida destacan:

- La medalla francesa de la Batalla de Verdun.
- Medalla de los Veteranos de la IGM.
- Medalla de oro de la Humane Education Society.
- El Corazón Púrpura.

Sus restos se conservan en la exposición The Price of Freedom: Americans at War (el precio de la libertad: los americanos en la guerra) en el Smithsonian.



Fuente1:
Fuente2:


15 de junio de 2009

~ El Perro de Pompeya

Quién le iba a decir al ciudadano romano Vesonius Primus aquel 24 de Agosto del 79 a.C, que terminaría el día huyendo a toda prisa bajo una nube de cenizas hacia el puerto de Pompeya, luchando por salvar su vida.


Llevaba consigo lo poco de valor que había conseguido reunir en tan poco tiempo, pero había tenido la precaución de dejar a su perro guardián atado en el atrio de su villa.

Del destino de Vesonius, nada se sabe, pero sí conocemos el de su perro. Paso la noche luchando contra la capa de cenizas que se iba depositando en el suelo, escalando la montaña que se iba formando, hasta que llego al límite de su cadena y murió de asfixia.

Al igual que otras víctimas, su cuerpo al descomponerse dejó un hueco en la capa de ceniza que siglos después los arqueólogos rellenaron de yeso obteniendo el molde exacto de su cuerpo.



Fuente: